La llegada de los meses de invierno nos trae la preocupación de cómo calentar nuestro hogar, situación que se vuelve más acuciante a medida que se acortan los días y disminuyen las temperaturas. 

Las calderas de gas natural y de gasóleo son las dos opciones más comunes para la calefacción doméstica y cada una presenta sus ventajas en comparación con la otra. En este artículo, repasaremos las diferencias entre ambas para que puedas tomar una decisión sobre la solución que más se adecúe a tus necesidades. 

Calderas de Gas natural

Las calderas de gas natural son las más extendidas en el mercado, ya que el suministro de gas es mucho más sencillo —al transcurrir por los gaseoductos españoles— y no requiere de almacenamiento. Además, su precio es más estable que el del gasoil, ya que cada distribuidor opera bajo sus tarifas o se emplea TUR, revisada trimestralmente por el Gobierno. 

El gas natural, además, ha demostrado ser más limpio, más eficiente (hasta un 30% más), más cómodo y contar con una potencia calorífica mayor que el diésel. Con calderas disponibles en el mercado a partir de los 300 euros, parece ser la opción más sensata para calentar una casa.

Según un estudio elaborado por la consultora PwC, el gasto medio anual para calentar una casa de 90 m² está en torno a los ocho MW. Esto, para un suministro de gas natural supone un gasto de entre 760 y 920 euros, pero el importe total dependerá, en gran medida, del estado de nuestra caldera.

Por lo tanto, es imprescindible asegurarnos de que se encuentra en condiciones óptimas de funcionamiento y realizar un mantenimiento anual antes del invierno, además de purgar los radiadores. Solo así garantizaremos que se encuentra en pleno rendimiento y que no habrá pérdidas de potencia.

Calderas de gasoil

Si hemos dejado patente que el gas natural es superior al gasóleo en prácticamente cualquier ámbito en el que se comparan, ¿Por qué elegir una caldera diésel?

La respuesta es sencilla: porque no hay distribución de gas posible para esa zona. Aunque en 2021 el gas natural llega prácticamente a toda España, aún quedan localidades a las que el suministro de gas aún no ha llegado. Es en estas situaciones donde más sentido cobra el gasóleo.

Las calderas de este combustible necesitan su propio depósito y que este sea rellenado con la frecuencia necesaria —en este aspecto, el gas es más eficiente, pues se paga lo que se consume, mientras que con el gasóleo se paga el repostaje—. 

Existen varios tamaños de calderas de gasoil, que varían en función de la potencia. Para un hogar, la potencia más común oscila entre los 23 y 25 kilovatios, pero una vivienda muy grande o un lugar muy frío podría necesitar hasta 35 o 45 kW. 

Si la potencia supera los 70 kW, es imprescindible que la instalación la realice un ingeniero, ya que es un requisito legal que cuente con un cuarto exclusivo para ella. Aún así, nuestra recomendación es que, al tratarse de calefacción, siempre se cuente con la supervisión de un experto. 

El precio del gasóleo está liberalizado y depende de las fluctuaciones del mercado, por lo que suelen suponer un coste mayor que las de gas natural. Además, su combustión genera más residuos en la forma de hollín, CO2 y NOx, por lo que su mantenimiento y correcta ventilación es imprescindible.

Sin embargo, como ventaja, pueden contar con una instalación más sencilla, un calentamiento más rápido —por lo que en lugares grandes tienen sentido— y una relativa seguridad, al operar en temperaturas más bajas.

Si te estás planteando instalar una de estas calderas, o hacer el cambio de gasóleo a gas natural, contacta con nosotros y te asesoraremos en las mejores soluciones térmicas para tu hogar.