Si has estado buscando casa en los últimos nueve años, habrás visto anuncios en los que estaba presente el certificado energético o que afirmaban tenerlo en trámite. Esto se debe a que, desde 2013, está en vigor la Ley 8/2013, que establece que este es indispensable para la venta o alquiler de cualquier inmueble.

¿Qué es el certificado de eficiencia energética?

Esta clasificación, de manera similar a cómo ocurre con lavadoras, neumáticos o aires acondicionados, es una medición objetiva de la cantidad de electricidad que necesita una casa para calentarse y enfriarse en un año.

Al tratarse de una norma europea –como casi todo lo que se refiere a la descarbonización–, es igual en el resto de países comunitarios y se mueve por una escala que va de la A (mejor puntuación) a la G (peor).

No contar con este certificado puede suponer multas de entre 300 y 600 euros y suele ser exigido por los notarios a la hora de formalizar la venta o el contrato de alquiler. En general, es útil porque da una idea aproximada del coste energético de una casa, algo esencial para el comprador cuando los precios del gas y la electricidad se han disparado.

En el cómputo de la certificación, se incluyen la producción de agua caliente, calefacción, refrigeración y ventilación. Por supuesto, en la eficiencia térmica también influye el aislamiento, los materiales de construcción o el tipo de ventanas, por ejemplo. Es, por ello, esencial con sistemas modernos de climatización, capaces de calentar y enfriar con menos electricidad.

Prácticamente todos los edificios y viviendas necesitan contar con su propio certificado, pero hay algunas excepciones: los edificios y monumentos protegidos; los templos religiosos; aquellos que tengan una superficie inferior a 50 metros cuadrados; los talleres y habítáculos que no están destinados a uso residencial; edificaciones que deban permanecer abiertas o edificios que se vayan a usar únicamente menos de cuatro meses al año, aunque esto debe ser declarado por el propietario.

Cómo se consigue el certificado de eficiencia energética

Para conseguir el certificado energético, es suficiente con hacer dos pasos. El primero de ellos es el de buscar un ténico certificador autorizado y cuadrar una cita. Durante la cita, se creará un plano con las medidas de las estancias y se revisarán los materiales de construcción y climatización. Los técnicos suelen trabajar con herramientas informáticas (HULC, CERMA o CE3X) que son las que, en base a los parámetros introducidos, otorgarán una calificación de las siete posibles.

Una vez hecha, tendrá todo lo necesario para crear un informe para el dueño de la vivienda. En función del tamaño de la casa y del servicio del técnico que se requiera, el precio de llevar a cabo una certificación puede variar de los 50 a los 300 euros.

Una vez hecho el documento, este se debe presentar ante la comunidad autónoma para que verifiquen su corrección y que quede registrado. Esta operación puede ser llevada a cabo por el dueño del inmueble, pero la mayoría de técnicos ofrecen la posibilidad de hacer el trámite, otorgando la etiqueta medioambiental oficial. Esta tendrá una validez de 10 años desde su emisión.

Según la Comisión Europea, optar por las mejores soluciones energéticas puede ahorrar más de 1.000 euros anuales en gas y electricidad. Algunos ejemplos de esto son usar bombillas LED, ahorrar agua, emplear un termostato inteligente e invertir en un buen aislamiento. Estas medidas pueden parecer insuficientes de manera aislada, pero de forma conjunta, sí que suman.

Y recuerda, en Vilken somos expertos en certificado de eficiencia energética. Le ayudamos a que su inmueble sea más eficiente y consuma menos energía, con el consiguiente ahorro económico en consumo de energía.