--> Tipos de calderas de biomasa y mantenimiento | Vilken

Si te estás planteando cambiar de caldera, seguramente hayas oído hablar de la biomasa como una alternativa medioambientalmente sostenible. Este tipo de soluciones para la climatización de un hogar son muy interesantes debido a su relativo bajo coste y a su alta eficiencia a la hora de brindar calor.

Pero, antes de comenzar, conviene tener claro qué es la biomasa. Esto no es más que un término paraguas que sirve para englobar el concepto de desechos orgánicos combustibles, sin importar si su origen es animal o vegetal, aunque suele primar este último en las soluciones destinadas para hogares.

Existen varios tipos de biomasa diferentes y su precio —así como el tipo de caldera por la que nos decantemos finalmente— es el factor que suele determinar qué se usa.

Tipos de biomasa

Por norma general, se suelen encontrar tres tipos de biomasa disponibles en el mercado:

1. Leña

El primero de ellos es la biomasa que se ha estado usando durante literalmente miles de años: la leña. Esta todavía es una solución muy interesante por el poder calorífico que desprende. Aunque hay ciertas normas que determinan la adquisición de leña y su uso en el interior del hogar, todavía se trata de una forma de uso muy extendida en todo el mundo, especialmente cerca de zonas boscosas en donde todavía es posible tener acceso a árboles.

2. Residuos vegetales reutilizables para calderas de biomasa

Cerca de zonas boscosas donde se ha desarrollado la industria maderera también existe otro residuo vegetal muy utilizado para quemar y brindar calor: las astillas de madera que son recopiladas y usadas como combustible.

En España, otro ejemplo de residuos reutilizables para calderas de biomasa son los huesos y orujos de aceituna provenientes de la explotación oleica, así como los de las cáscaras de almendras, más comunes en el levante.

3. Pellets

Finalmente, los ‘pellets’: pequeñas cápsulas de desechos secos y compactos, que suelen estar formadas por un alto contenido de serrín y prensadas en forma de virutas. Es ideal para instalaciones con bajo consumo, y las calderas que las utilizan suelen ser baratas y muy eficientes. También es común encontrarlas en forma de estufas para caldear habitaciones más pequeñas.

Todas estas soluciones, al ser residuos de explotaciones agrarias, suponen una gran alternativa sostenible a recursos fósiles y presentan un coste razonable, con algunas de ellas alcanzando rendimientos térmicos tan altos como el 92%. Sin embargo, su uso como combustible está cada vez más extendido y su precio también está sujeto a la demanda y a las condiciones del mercado.

El mantenimiento de las calderas de biomasa

Las calderas de biomasa funcionan, esencialmente, como una estufa tradicional: tienen un depósito de combustible (ya sean pellets, leña o huesos de aceituna) que arde y transifere su poder calorífico a un circuito de agua caliente sanitaria (ACS) que luego llega al resto del hogar, ya sea en los grifos o en los radiadores.

El principal problema que generan las calderas de biomasa es que su combustión produce residuos físicos: ceniza y hollín. Su alimentación se produce a través de un depósito en forma de tornillo que va alimentando la biomasa al ritmo que se desee para mantener un funcionamiento estable.

Todos los días se deberán llevar a cabo algunas comprobaciones para asegurar que el sistema está funcionando correctamente. En primer lugar, es importante vaciar el depósito de cenizas, que deben ser de un color gris claro, pues lo contrario puede indicar una mala combustión.

Como con todo lo que produce gases nocivos, es importante comprobar que no hay fugas en el interior de la vivienda y que todo el conducto de ventilación está despejado. Además, en el depósito de agua es necesario revisar que la caldera tiene una presión adecuada, pues de lo contrario, necesitará quemar más biomasa para alcanzar la temperatura correcta.

El alimentador de biomasa también requiere una revisión periódica, para comprobar que no está obstruido y que permite el recorrido normal del combustible hacia la cámara.En muchos casos, las calderas de biomasa solo se usan en invierno, pero encenderlas una vez al mes para asegurarnos de que todo está funcionando correctamente puede ahorrarnos dolores de cabeza cuando más necesitemos la calefacción.

Por ello, también es importante acudir a una revisión profesional de la caldera de biomasa. Como ocurre con las de gas, estas deben someterse a una inspección técnica y un mantenimiento oficial anual. Este debe realizarse antes de los meses de invierno, que suele ser en los meses de septiembre y octubre.

Este se llevará a cabo por un técnico especializado que comprobará la eficiencia del sistema, revisará los elementos hidráulicos y eléctricos, así como llevará a cabo una limpieza a fondo, prestando especial atención a una combustión correcta y al paso de humos.